Alimentos Sonoros

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Me paré de la mesa sin avisar, así como un monarca, autoritario, insatisfecho. Había mucha comida, pero seguía necesitando más.

Me faltaba un poco la respiración, tenia pequeñas sudoraciones. Sed. Una conocida ansiedad. Hasta que comenzó la música.

Nada tenía que ver con que sonara Quand je marche (que hasta ese momento me acordaba a ella), no. Tenía –más bien– que ver con el hecho mismo del sonido, de lo que me produce en el alma y se refleja en el cuerpo. Comer me produce placer. Sentarme a la mesa me reconcilia con la calma y la alegría de pertenecer a algún lugar. Cerrar los ojos y sentir el sabor de lo que como me hace revivir para siempre (siempre y cuando no abra los ojos). Masticar esas deliciosas capsulas de la granada me crucifica y reinventa. Pero es el sonido lo que me hace.

La música, por sí sola es alimento.

Soy músico, nací tocando algún instrumento, tal vez por ello fue un difícil parto, porque ya traía algo en las manos. Jadeante, llegué a este mundo. Produje un sonido para festejar que nací vivo. Oí para confirmar que todo estaba en orden divino. Con cuidado, me llevaron a una cuna donde escuché el sonido del alba. También el caos del día. El desencuentro. La intolerancia.

Cuando niño escuché el sonido de las ballenas, las cornetas de los carros, el timbre del colegio, la novena de Beethoven, la misa luba, las sirenas de las ambulancias, los disparos de los vigilantes. Grité, canté victoria, bingo y la buchaca. Canté en coros sacros, universitarios, escolares. Experimentación sonora, eso ha sido una parte de mi andar. Así llegué a tocar instrumentos. Luego intente escribir canciones hasta que mi pecho lo logró por mí.

Gracias a la música y a mi taza de café me mantengo vivo. Son –junto a la cocina– mi fuente de amor. Mi energía.

Por eso, porque soy bilingüe en esto de la música y la cocina, es que mis platos tienen ritmo. Por eso mezclo las dos cosas, porque cocino para alimentar. Para darme en alimento también. Para calmar la sed. Mi propia sed.

Música y cocina, como mi podcast Música para cocinar, es una mezcla casi perfecta. Falta ponerle un poco de piel.

Tomé esta foto creo que en Chueca, Madrid, y hoy me hizo recordar esta canción Casimir Pulaski Day que tiene un solo de trompeta como en la fotografía.

 

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