Comer, Rezar y Amar

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13. Mitad y mitad carne de cerdo+chistorras molidas, al grill, e

Me ha dado –este último año– por darme cuenta de las cosas de la vida que me producen placer. Ese placer corporal que es consecuencia de un estado muy elevado de satisfacción del alma.

Es como el placer sexual que, desde el cuerpo, llena el espíritu y condiciona mi andar y pensar.

Amor. Esta es la palabra que me gusta usar para definir lo que experimento cuando mi alma se llena. Siento Amor. Y ese amor me moviliza, se esparce por mi cuerpo, lo dejo salir como una energía que puede llegar a otras personas, como el polen. Fecunda. Se pierde. Se reproduce. Se volatiliza. Es un ciclo. Es recurrente.

Comer es de mis cosas favoritas en la vida. Tal vez por eso me hice cocinero, o quizá porque nací del fuego sangrante de mi madre. Quizá por venir de ese calor me hice un hombre de paz, un alimentador. Por eso, estoy seguro, propongo también la guerra, puedo hacer daño. Por eso rezo, para pedir perdón. Por eso perdono, para vaciar mi pecho. Por eso canto, para llenarlo. Por eso vivo, para amar.

Si existe una verdad –la muestre o no– en mi existir, es lo indivisible de mi entrega a amar. No existe nada más autentico que mi amor. Así lo siento. Entonces mi manera de amar me propone descubrir la vida a través de lo que como, lo que me alimenta. Me propone dar de comer, darme en alimento. Me sugiere vivir mis días entendiendo que somos tan pobres ante la inmensidad del mundo. Un Mundo que es muy superior a nosotros, por quien me urge ser protegido. Hablo de alimentarme el alma. Alimentarme el cuerpo. Vivir esa comunión profunda. Amar. No entiendo otra manera.

Cuando oí hablar del libro de Elizabeth Gilbert, quise leerlo de inmediato. Siempre me han seducido esas palabras aunque por momentos me aleje de la tentación de rezar. Pero no lo leí. Estaba peleado con la lectura. Duré muchos años peleado con ella, sólo podía leer los recibos de pago, los mensajes de texto y uno que otro email.

Después supe que habían llevado el libro al cine, entonces quise verlo en la pantalla grande. Dos frases se quedaron escondidas en mi mente. Estaban allí, silenciosas. Justo ahora lo descubro y recuerdo que me marcaron.

Para hallar el equilibrio que buscas debes tener los pies tan firmemente plantados en la tierra que parezca que tienes cuatro piernas en lugar de dos

Equilibrio. Aire y tierra. Agua y fuego. Cuando no estoy en equilibrio pienso que es inútil Rezar. Por eso no lo hacía y a veces no lo hago. Siempre pensé que era inútil amar, amar con todo. Yo no amaba. Siempre tenia reservas. Miles de ellas. Pero siempre he comido. Muchas veces bien, otras muy mal. Entonces aquí recuerdo la segunda frase.

La gente acaba pareciéndose a sus perros

Yo no tengo perro, al menos no uno elegido. Padecí el miedo de sentir que, tal vez, termine pareciéndome a nada. Tal vez sea la arrogancia de no mostrarme como soy.

Come. Reza. Ama.

 

FOTOGRAFIA CORTESIA @COMIDADESOLTERO. @LA_SOPA
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Showing 4 comments
  • virginia311@hotmail.com

    estar continuamente buscando calmar y alimentar nuestros corazones, llenarnos de paz y amor, yo lo he hecho por muchisimo tiempo y he concluido despues de tanto buscar que solo Dios puede darle real paz a mi corazón…rezar y amar. me gusto el articulo felicitaciones

    • Pocho

      Muchas Gracias!!! Un saludo.

  • Mistic Warrior

    Excelente comentario!! Realmente de alguien que está caminando de manera consciente,,,,

    Dicen que la fuerza más grande que existe es el amor,,, y el hecho de reflejarlo y compartirlo en cada acto de nuestra vida es el fin último,,, convertirse en el amor,,, y para ello hay sin fin de caminos,,, aunque a mi parecer solo una forma, con coherencia en cada acto, palabra y pensamiento…

    Saludos!

    • Pocho

      Coherencia. Eso intento. A veces es tan natural y otras contracorriente. Por eso -tal vez- somos dinámicos. 🙂
      Gracias!!!
      Saludos!

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