¿Hay un corazón aquí?

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Foto: Luis Cobelo

Foto: Luis Cobelo

Ayer me encontré esta vieja estufa. Al verla, me prendí de ella, como si fuera mi musa (palabra que aún no comprendo, pero hay gente que sí), como si me hubiera estado esperando, casi como si llevara años rondándome. Había dos caminos en esa loca encrucijada. Allí me detuve, lo pensé, lo pensé mucho, deshoje petunias y margaritas y justo cuando tomaba el camino de la derecha un resplandor blanco me hizo un guiño, y me fui por la otra vía.

Fue uno de los días mas reflexivos de mi vida y no se por qué me ha costado tanto la reflexión

Tal vez estoy ocultando algo, quizás solo me escondo de mi, incluso es muy probable que no quiera saber la verdad, pero esa cocina me hizo reflexionar.

Hay situaciones, pequeñas cosas que pueden cambiarnos la vida o la percepción de ella en un segundo, que nos dejan pensando toda la noche, nos hace construir un futuro y derribarlo, nos dibuja sonrisas o nos talla una mueca, nos deja ese sabor del limón en la boca y el aroma del estragón fresco, nos hace perder la mirada o fijarla en unas pupilas. Son esos momentos los más felices y duros, los que queremos conservar o cambiar.

Sé lo importante de los encuentros con la naturaleza, nuestra naturaleza o la de la vida misma, conozco el sabor del camino, aunque a un lado de él y mirando el humo mientras el resto pasa. Conozco el color del día al abrir los ojos y luego sentir que estoy vivo, he sentido como nos tropezamos con diamantes o piedras, troncos, charcos, bifurcaciones, tickets de lotería, sillas, bufones, mesas de póker, botellas de ron, corazones rotos, aves de rapiña, trampas, cestas de moisés, caballos de Troya, panelas de san Joaquín, cajas de lunares, cajas de Pandora, chisteras, tablas de mandamientos, disturbios, rayos de Zeus, caduceos de Hermes (por cierto mi varita mágica favorita), flores de Diego, tortas de Lolita, museos de cera, copas de vino, vainitas orgánicas, pantallas de cine, discos de Sabina, cartas de Lennon, agua de mar, silencios, deseos, mofas, sadismos, descalificaciones, atracciones, amores, patadas.

Pero los encuentros con personas –como mi encuentro con la cocina- sin dudarlo, son hallazgos, son zurrones llenos de oro, son la fuente del arcoiris

el castillo de neptuno, la Atlántida en pleno. Estos encuentro, estos roces, son mágicos, fugaces unos, perpetuos otros, algunos escandalosamente divinos, otros misteriosamente curiosos.

Esto me hace pensar y mirarme, me hace ver lo grande y pequeños que somos, lo intangible de sentir, lo terrible de dejar pasar los momentos, lo dañino de querer poseer, lo difícil de olvidar, lo duro de estar lejos de los hijos, lo fatuo del celular, lo dulce de los ojos grandes y lo agradable que es recibir regalos.

Expresarme libremente, ¡ese parece ser el misterio! Y si, “es mejor gritar que callar, arrecharse que sentir miedo”. Expresarme libre y felizmente y procurar la bofetada, el beso, la recompensa o el castigo, los followers o los críticos.

¡Esta vieja estufa si tiene un corazón latente!

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