La Cebolla (versión extendida)

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Tengo ganas de llorar, dije. Mucho más allá de esta irritación de mis ojos, quiero soltar el cuchillo y ponerme a llorar. Así, como un niño. Tirado en el piso, en un rincón, con las rodillas levantadas, mis converse apoyados completamente en el piso, tocándose las puntas blancas y los talones separados entre sí, la espalda encorvada y la cabeza sobre las rodillas.

Sin embargo aquí estoy, cortando cebollas y llorando al mismo tiempo. Nadie se da cuenta de que estoy llorando en serio. Lloro por la verdad y por la mentira. Por las palabras dichas, las escuchadas y las otorgadas, por la falta de fe, el exceso de confianza (y desconfianza) en nuestros pensamientos insanos, la humildad y la falta de ella.

Quiero terminar de cortarla –aunque muero de la pena con mis comensales, no los quiero hacer llorar– para hacer un sofrito criollo. Así le decimos en Venezuela al aliño popular de todas las casas, lo que sirve de base para casi todas las preparaciones tradicionales nuestras. Se hace calentando el aceite onotado, luego se agrega la cebolla, ajo, ají dulce y sal.

Siempre escucho miles de trucos míticos para evitar el llanto al cortar cebollas. Pero ahora no recuerdo ninguno. Se de algo con un vaso de agua, o con una piedra, o tal vez era una cruz de sal o una escoba tras la puerta. No lo se. No me importa. Me gusta cortar cebollas. Me gusta la cebolla. Además, llorar nunca vino mal.

 

“…la tierra así te hizo, cebolla, clara como un planeta, y destinada a relucir, constelación constante, redonda rosa de agua, sobre la mesa de las pobres gentes…”

-Neruda- Oda a la cebolla. Fragmento.

 

Ese sofrito lo utilizaré para hacer la pasta criolla, es decir, el sofrito es –propiamente– la salsa de la pasta a la cual le pondremos queso blanco rayado.

Me gusta la cebolla, lo repito. Sin ella no sería absolutamente nada el ceviche. Ni la tradicional sopa francesa, ni los guisos. Yo necesito de la cebolla cada día. Después del ají dulce es mi ingrediente fundamental.

En Latinoamérica, se siembra cerca del 9% de la producción mundial de cebolla. Y se dice que anualmente se produce cerca de 35 millones de toneladas en el Mundo. No sólo es importante para mí.

 

“…Yo cuanto existe celebré, cebolla, pero para mí eres más hermosa que un ave de plumas cegadoras, eres para mis ojos globo celeste, copa de platino, baile inmóvil de anémona nevada y vive la fragancia de la tierra en tu naturaleza cristalina…”

-Neruda- Oda a la cebolla. Fragmento.

 

Los poetas hablan de ella, los músicos la cantan, los arrieros la piensan, los cultores la vinculan a la tierra, los recolectores la protegen, los mercaderes la negocian, los pobres la adoramos y los cocineros la necesitamos.

 

“…En la cuna del hambre mi niño estaba. Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre, escarchada de azúcar cebolla y hambre. Una mujer morena resuelta en lunas se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ríete niño que te traigo la luna cuando es preciso.

Tu risa me hace libre, me pone alas. Soledades me quita, cárcel me arranca. Boca que vuela, corazón que en tus labios relampaguea…”

-Miguel Hernández- Nana de la cebolla. Fragmento.

 

Nunca había escrito sobre la cebolla. De seguro no le di importancia porque su aroma hace llorar, o tal vez porque algo esconde debajo de sus capas, o porque nace –sin pretensiones– de la tierra cruda, buscando el aire. Cebolla en mi capa interior, en mis afueras tienes aroma de yerbabuena.

Algún día pararé de llorar, eso habrá significado que dejé de cortar cebollas.

 

Foto: Cebolla #encandilada
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Showing 2 comments
  • Jaxury

    A mí también me encanta usarla día a día, aunque me haga llorar. En mi cocina, ella es la reina y el ajo el rey. El problema es que en más de una ocasión la vecina de debajo de donde vivo, ha venido a tocar la puerta, para quejarse porque el olor a comida (que para mí es olor a hogar) y más específicamente a cebolla, le “pica los ojos” y le molesta y dice no soportarlo. Y estemos claros! a veces no vale campana extractora, cuando los olores intensos deciden impregnarlo todo. Jeje!

    Saludos y continúa escribiendo. Después de todo, cocinar es también poesía y eso inspira!

    • Pocho

      Gracias! Muchas gracias!

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