Mercado, misas y mercaderes

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El mercado es el sitio donde una parte de la vida es posible. Si hablamos en sentido general, el mercado supone un espacio real o figurado de encuentro entre oferta y demanda, entre amantes y casados, tahures y descuidados, ricos y pobres, ruines y honrados. En sentido estricto es el lugar donde vendedores y compradores hacen posible el aprovisionamiento diario de alimento y sustento, los turistas dejan sus risas, los que se encuentran a escondidas producen pensamientos indecentes. En economía es intangible.

Ir al mercado debería ser una practica casi religiosa. Un ritual.

No se, se me ocurre que podría ser tan importante y arraigado como las misas. A mí me sucede en el mercado. Pienso eso. Es como, un conjunto de ceremonias que forman el acto de culto más importante (en el caso de misas: de la iglesia) de la cocina.

La misa, es la conmemoración y en cierto modo la recreación –incruenta– del sacrificio del Calvario. Algunos cristianos (católicos o no) le llaman Eucaristía, porque es –precisamente– el sacramento, la presencia del Dios en las almas, en el pan, el vino.

Si me pongo seriamente a pensar en mi comunión con el mercado pudiera sentirme religioso.

Entro a un mercado y es como si viviera el Introito, ese momento de la transición entre lo que vivo en la ciudad y mi llegada a las puertas de esa especie de templo. Son mis primeras palabras. Luego me pareciera escuchar las plegarias de todos: en algunos (esos ruegos) es por los precios, en otros por tanta frescura de lo que se vende, en los sarcásticos –de seguro– por las mujeres bellas. Kyrie Eleison, “señor ten piedad”. Me paseo por los puestos hasta llegar al lugar de costumbre, porque hay alguien que me atiende, el mismo de siempre porque creo en él, lo que me ofrece. Así veo al Mercado, con ese credo, con su Sanctus, su Benedictus, con un Agnus Dei y su peccata mundi.

Para mí existe una relación directa entre los mercados y los cultos.

Se dice que en vísperas de la Pascua judía, Jesucristo, el mesías profetizado, visitó el llamado templo de Herodes y expulsó a los mercaderes. Ese era un lugar donde se cambiaban monedas griegas y romanas por monedas judías.

No voy a misa. Voy al mercado y allí vivo mi religiosidad, mi entrega y comunión con los alimentos, mis plegarias, mis recuerdos. Siento la gente pasar de un lado a otro con las bolsas llenas de vegetales o carnes. Hay gente con cámaras, con periódicos, loterías y estatuillas de santos. Hay quienes están atentos al menor precio, hay los que miran las billeteras. Algunos esperan ganar más por peso, otros te dan el mejor producto con una sonrisa gratis. Me gusta la pluralidad de los mercados. Es mi práctica favorita en cada país que me ha tocado visitar.

Cuando niños tuve un puesto, en un mercado de sábado, donde vendía peces que yo mismo criaba. Ahora sólo me gusta ir como comprador. Ya no soy mercader.

 

FOTO: MERCADO DE CHACAO. CARACAS
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Showing 7 comments
  • Beriozka Fereira

    Hola Pocho,
    Que hermosa analogía entre una misa y una visita al mercado… La verdad es que comparto la pasión por lo segundo… Pero definitivamente es todo un ritual, un encuentro mágico…
    Mientras leía tu escrito, fue inevitable pensar en mis paseos por el Mercado de Quinta Crespo, por el de Guaicaipuro, por el de Chacao al que reconozco que solo he ido un par de veces, pues vivo al oeste de la ciudad, pero también trajo a mi recuerdos de Córdoba y Buenos Aires, en donde en puestos muy ordenados exponen aquellas obras de arte comestibles (zanahorias, zapallitos, arándanos, hongos…) y todo ese festín de colores, aromas y sabores para deleitarse con los 5 sentidos…
    La verdad es que soy la “cosita rara” de mi casa, la que encuentra poesía en un tomate, en una papa, o que disfruta oler las frutas y verduras frescas en el mercado, la que no le importa llenarse las manos de tierra y la que pregunta puedo escoger??? En mi casa no me entienden, jajaja, mi mamá, pues a pesar que cocina muy bien, y que fue ella quien me enseñó a cocinar, la cocina le da urticaria… Para ella ir al mercado es obligación y no el disfrute que puede ser para otras personas…
    De allí que resulte muy grato tropezar con un escrito que te eleve a ese sentimiento maravilloso que te producen ciertos momentos, situaciones o experiencias, mágico-religiosas, como una visita al mercado… En fin, sólo quería compartir lo que me produjeron tus líneas…
    Gracias miles, leerte me dibujó una sonrisa…
    Un abrazo…
    Bzk

    • Pocho

      Muchas gracias!

  • Beriozka Fereira

    Wow, no me había fijado en la fecha de tu puclicación, realmente fue un regalo de cumpleaños para mí, jajaja… Definitivamente nada es casual todo es causal…
    Saludos!

  • Beriozka Fereira

    Wow, no me había fijado en la fecha de tu publicación, realmente fue un regalo de cumpleaños para mí, jajaja… Definitivamente nada es casual todo es causal…
    Saludos!

    • Pocho

      Gracias!!! Feliz cumpleaños con atraso!

  • Mirtha

    Leerte dan ganas de meterse en el Mercado Terepaima de Barquisimeto. Hace ya tantos años que no voy (por falta de tiempo y por el calor jaja), que fue lo primero que me vino a la mente con cada línea y, recordé que de pequeña yo extrañamente disfrutaba ir al mercado, me encantaban los colores y la vida que allí se respiraba. Debo reconocer que es una práctica que tengo que retomar. Un abrazo Pocho!

    • Pocho

      Así es!!! Anda al mercado y lleva tu familia! (yo voy solo, pero igual lo disfruto)
      Un beso!!! y Gracias por estar siempre atenta!!!

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