Renacer: lo que fuimos, lo que somos y lo que ya no seremos.

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davinci

Desde que el hombre ha entendido el significado de la palabra reciclar, la ha convertido en moda. A veces la moda es estupenda. Podría ser muy vacía también, pero siempre algo se siembra.

Siembra, me gusta esa palabra. Vida. De eso se trata algunas veces. De vivir. De tener los pies en la tierra y el cuerpo en el aire. De echar raíces. De crecer con una dirección. ¿te suena familiar eso?.

En el caso de un árbol es sencillo. Él crece buscando la luz y no hay nada que lo detenga, puede tumbar cercas, techos, pisos, incluso deformarse a si mismo pero encuentra la luz.

Nosotros los humanos lo vemos mucho más complicado de lo que es en realidad. Es difícil encontrar esa dirección, es complejo. Tal vez sea mas fácil ser árbol. Pero ya que no lo somos, es necesario pensar y escribir la bitácora, hacer un plan de vuelo y dejarle a la dinámica de la vida una parte para que sea –dinámicamente– divertido.

La cocina es un hecho cotidiano, es familiar, es amoroso, es natural, es necesario. Cuando se vuelve oficio no deja de ser familiar, sólo que comienza otra etapa. Te insertas –aun sin darte cuenta o sin quererlo– en un movimiento colectivo donde esa cocina, la de cada uno, se vuelve una sola. Es la suma de los esfuerzos de muchos, es la incorporación de los comensales en el ruedo, es nuestra forma de sobrevivir. Es nuestra identidad. Es lo que somos. Entonces ahora la veo como un Movimiento Cultural que involucra otras disciplinas con un mismo foco. Tiene que ver con toda una cadena de producción, de consumo, con una filosofía, con las ciencias, las artes. Representa una economía en torno a la alimentación. Tiene personalidad, y por tanto necesita crecer, desarrollarse en una dirección.

El renacimiento es el periodo histórico-artístico que más me llama la atención, tal vez porque está cargada de pensamiento humanista o simplemente porque significó una limpieza, un regresar al inicio, comenzar de nuevo pero con la experiencia de lo vivido, una poda, una liberación de cargas, un vaciado, una ruptura de lo que era, una pequeña muerte y un volver a nacer. Esta manera de volver al principio supone un compromiso, creer en el cambio, sentirlo.

Fue, precisamente, en el siglo XV cuando el hombre se planteó una nueva concepción del mundo, de si mismo y pienso que esto lo produjo haber entendido el caos conceptual y el oscurantismo estético en el que habíamos caído, del cual éramos prisioneros: El gótico. Supongo que sería como una especie de situación infernal tan sobrecargada de elementos e ideas que produjo una polisaturación que vino acompañada de la necesidad de volver a comenzar. Nadie podía soportar ese peso. De allí los talentos renacentistas, los multitasking como da Vinci, símbolo del hombre del renacimiento, arquetipo del genio universal.

Me parece, estudiándolo desde el hoy, que la muerte del período gótico fue –sin duda– una inyección de sensatez, de sentido común. Entonces, visto así, dejaremos de ser lo que debimos ser.

Creo –felizmente– que eso esta pasando con nuestra cocina. Estamos volviendo a nacer, pero de nuestras propias raíces. Estamos dejando atrás esa maraña complicada en la que –y esto es una opinión absolutamente personal– estaba sumida nuestra gastronomía. Una cocina sin orientación, sin luz, sobrecargada de técnicas, de decoraciones, de ingredientes principales, de aromas, todo en un mismo plato. Una saturación de ideas y elementos. Pero hoy siento que nuestra cocina está –finalmnente– siendo menos pretenciosa y muy sabrosa, menos complicada y mucho más amorosa. Se que vamos a paso lento, pero en realidad ha sido un desarrollo acelerado. Al renacimiento le costó un siglo entero dejar al pensamiento de los bárbaros.

Renacer, así como lo veo, renovarnos, es asumir que algunas cosas deben morir en nosotros y tenemos que dejar que ocurra porque es la única manera de que nazcan cosas nuevas y florezcan y den frutos. Yo vengo naciendo. Es duro darme cuenta de que he estado equivocado mucho tiempo. He hecho las cosas mal. Me he sentado a esperar que ocurran cosas que no ocurrirán. Entonces me miro, me observo, me replanteo y me replanto. Me he desecho de lo que me estorba y hace daño. Me quedo con los te amo. Eché al fuego el recuerdo del rechazo. He regalado mis ganas de “toda la vida” y me he quedado con mis ganas solas. Tengo besos nuevos pero tengo la misma boca. Ideas diferentes y la misma fuente generadora. Sueños distintos sobre la misma vida. Sonrisa renovada en este rostro ajado y un andar mucho mas liviano. Limpio y sin pesos pesados. Así como este blog. Es el mismo aire. Es la misma tierra. Nos diferencia –lo que somos de lo que fuimos– lo que esperamos del futuro.

Esto no cambia mis certezas, pero reajusta el presente y de seguro la dirección de lo que puede llegar a ser el futuro. Me parece increíble que se definen sentires. Estoy feliz de renovar mi fe y mi sentir. Ahora tengo un corazón que florece como si fuera un limonero.

 

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Showing 2 comments
  • maritza rincon

    te amo 🙂

    • Pocho

      Yo a usted también!

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