Sin temor a Errar

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Pocas son las veces que no siento miedo. Por lo general siento temores que me hacen dudar, me hacen pensar lo frágil que es una decisión (o lo incierto del destino).

Exponer en público lo que siento es tarea fácil. Demostrarlo es lo complicado. Dicen que a las personas, a todas y cada una, nos llegan los momentos precisos (para cada cosa) justo cuando es el segundo indicado. Así, hay un minuto para sentir dolor, ese dolor que muerde y desgarra. Llega el momento preciso en el que –orgánicamente- nos tocará pensar en la descendencia. La vida, al parecer, nos preparará para sentir lo que en los cuentos de hadas (por cierto, soy fan de las hadas madrinas) se llama “amor verdadero”. Incluso se muere sólo en el momento en que nos toca.


Pero nosotros no sabemos cuando ocurrirá todo o nada. Lo cierto es que el temor ha sido un mal aliado en mi vida y hoy escribo este post, este micro post, porque pudiera estar llegando el momento de casi todo. De amar, de sentir dolor, de crecer, de expandir, de volar, de partir, de confiar, de despedir, de estar vivo, de morir, de renacer, de creer, de regresar a la infancia (pero nunca de madurar) de tener paciencia, de sentir armonía, de vivir crucificado de blanco o de negro. Es como imaginar el fracaso o entendernos afortunados. Es justo en el preciso momento en que nos toca vivirlo, no otro. En cualquier caso, hoy me levanto sin temor a errar (y es posible que me equivoque una y otra vez, como siempre).

 

Se lucha contra el miedo, y si queremos vencemos. Pero no podemos luchar contra las decisiones de otros. No podemos enfrentar al destino ajeno. Sólo podemos vivir. Vivirlo y de ser posible, pues, sobrevivir!
Les dejo esta, una de mis canciones favoritas: Vida (Ruben Blades) Espero sea de “buen provecho”

Nadie escoge a su familia o a su raza, cuando nace,
ni el ser rico, pobre, bueno, malo, valiente o cobarde.
Nacemos de una decisión donde no fuimos consultados,
y nadie puede prometernos resultados.
Cuando nacemos no sabemos ni siquiera nuestro nombre,
ni cual será nuestro sendero, ni lo que el futuro esconde.
Entre el bautizo y el entierro cada cual hace un camino,
y con sus decisiones, un destino.
Somos una baraja más de un juego que otro ha comenzado,
y cada cual apostará según la mano que ha heredado.
La vida es una puerta donde no te cobran por la entrada,
y el alma es el tiquete que, al vivir, te rasgan cuando pagas.
Y cada paso crea una huella, y cada huella es una historia,
y cada ayer es una estrella en el cielo de la memoria.
Y la marea del tiempo lleva y trae nuestras contradicciones,
y entre regreso y despedida cicatrizan los errores.
Y cada amigo es la familia que escojemos entre extraños,
y entre la espera y el encuentro uno aprende con los años
que solamente a la conciencia nuestro espíritu responde,
y que una cosa es ser varón y otra es ser hombre.
Nadie escoje a su familia, o a su raza, cuando nace,
ni el ser bueno, malo, lindo, feo, inocente o culpable.
Del nacimiento hasta la muerte toda vida es una apuesta:
de nuestra voluntad depende la respuesta.
¡Sueño por un mundo diferente,
donde nuestro amor nunca se acabe!
¡Luchen por un mundo diferente,
donde nuestro amor nunca se apague!
OBRA: WHITE CRUSIFIXION. MARC CHAGALL

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