Tracción a Sangre

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Fuerza Natural from Gustavo Cerati on Vimeo.

“El sol no tiene oídos pero su lengua me atrapó, crece la escasez y hasta la palabra vacío me llenó”.

Tantas veces intentar encontrar una frase que dijera lo mismo en otras palabras, y no he podido. Sufro de eso, de quedar atrapado. Mi manera de relacionarme con mi exterior es así, apasionada, desmedida y abrumadora. Pero eso si, es honesta y es para siempre. Puede que vaya cambiando la intensidad, puede que varíe lo que doy, es posible que exista cierta distancia, tal vez no terminemos haciendo realidad lo que soñamos, pero debo aclarar que “toda la vida” es aún muy corto. Así son los amores elegidos. Esa es mi manera de amar. Más cuando las personas se meten en mi torrente sanguíneo y procuran en mí un motor, una energía de vida, es mi tracción, tracción a sangre. Esas personas, como mi hijo elegido, pasan a ser parte de mi esencia, de mis pensamientos, de mi dolor, mis ilusiones, mis errores, mis perdones, mis fantasías, mis plegarias, mis letras, mis razones.
Ayer veía un maravilloso y conmovedor video de Gustavo Cerati que fue filmado durante la grabación de su último disco “fuerza natural” y fue inevitable -a propósito de todo este remolino de cosas que se mueve dentro de mi en este momento de mi vida- sentarme a entender -de Nuevo- que estamos aquí por un momento, apenas un instante: “La vida dura un salto, quedarse, una muerte segura”. Llorar es todavia insuficiente. Cerati es uno de mis afectos. Por eso me duele escribirlo, por eso y porque asocio su desaparición con mis peores temores. No quiero que mi amor desaparezca, que mi pasión lo haga.


El post que debí publicar hoy no está listo, no quiero atropellarlo, por eso, en sustitución momentánea, publico éste, porque es un aderezo de mi siguiente post, aunque entiendo que estaría leído al revés. Sería como comer la pimienta y la piel del limón antes de tener en la boca esa bola de chocolate amargo y nutela (aderezados con pimienta y limón).
Hoy, después de ver el video tres veces, recordaba que el 13 de mayo de 2010, andábamos en Barquisimeto -Sumito Estévez y yo- dentro de un carro que yo conducía. Eran las 7.30 de la mañana, recién salíamos de una entrevista en un programa de televisión, pues al día siguiente era nuestro evento “Lara: capitulo 1” de Venezuela Gastronómica (organización que ambos integramos y de la que ya he hablado en otros post) y estábamos en la recta final de los preparativos, (amén de una cena de gala que ofreceríamos el día 15 en el Circulo Restaurante). Yo encendí el equipo de audio y le dije a Sumo que volveríamos a oír mi canción favorita de ese disco que -yo traía puesto desde hacia tres días- ya lo habíamos escuchado varias veces. “Sal”, era el tema de Gustavo Cerati al cual me referí. Una letra gastronómica, enigmática, fabulada y con una música deliciosa, casi incidental (que me recuerda a mi padre).
Sumito me dijo: “¿estas pegao con el disco no?” y con una gran sonrisa le drespondí “Si”. “me encanta” dijo.
El día 15, estábamos en mi casa en horas de la mañana. Sumo se conectó desde mi maquina a su correo y yo tomé la guitarra para cantar “magia” y de alli surgió el comentario, que segundos después fue publicado desde la cuenta de @sumitoestevez en Twitter: “nuestro amor por la gastronomía es tan grande, que no iremos al concierto de @cerati esta noche por preparar una cena”.
Cuento toda esta historia –y finalmente no es de Cocina que vine a hablarles- porque ese mismo día, lo perdimos, sigo asociando la música con la cocina, los afectos con los fogones, la tristeza con cocinar. Hace poco más de un año que me pregunto ¿dónde estás Gustavo? No puedo -ni quiero- imaginarme, (ni en mis mejores fantasías) en qué parte puede estar atrapado. Quedar atrapado es de las peores sensaciones que el hombre ha descrito en la literatura universal, pero podría –también- ser de los mejores placeres.

 

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