Viajero y Contador

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Viajar siempre ha sido, de las cosas que me ofrece la vida, una de mis favoritas , soñar ha sido otra y ver realidad lo que sueño es mi preferida de todas.

Cada viaje, significa que se ha hecho realidad un sueño. He dibujado en mi mente cada destino y como soy fiel creyente de que las cosas ocurren primero en la mente vivo mis viajes con entrega, sintiéndome victorioso, sintiéndome merecedor, sintiendo que no hubo pena, y si así hubiera sido, pues lo habría valido.
Cada vez que me topo con un sueño, cada vez que diseño y dibujo los bocetos de lo que quiero, debería pensar también en los planos complementarios, quiero decir, pensar no sólo en lo que deseo, sino en lo que me hará bien, resolviendo, finalmente, las ecuaciones de la historia de mi vida. Me hace pensar en los planos de una casa, soñamos con esa casa, con los planos de fachada, de planta y resolvemos el sueño. Pero aún no tenemos una casa resuelta, falta solucionar la distribución de aguas, instalaciones eléctricas, dirección de vientos y puestas de sol, sistemas de fuerza y sabrán los arquitectos e ingenieros que otras cosas hay que resolver.


Por esto y otras muchas razones he venido haciendo un recuento, juntando recuerdos y reubicando en mi tabla de valores, inventariando mis experiencias de vida, mis viajes, mis amores, mis logros, mis escritos, mis mascotas, esos marcadores y pinceles, los pasteles y lienzos, los pecados, nuestros bombillos de sal, las mentiras, mis peores engaños, aquellos regalos que no recibí aún, los que tengo en cola por entregar, mis sacrificios, un mar de lagrimas que me he ganado, también incluyo mi mejor sonrisa, como el recuerdo de mi mejor sexo, ah! mis amantes, novias, amigas con derecho, los polvos de un día, las ilusiones que construí de familia, mis hijos perdidos, mi hijo elegido, todas las almas arrojadas al inodoro, mis arrepentimientos, mis peores dolores, el armario de maletas llenas de desilusiones, esa voz que a veces siento es de payaso, esos acordes tímidamente colocados en el piano, aquel montón de teclas negras y blancas, mis cuerdas que me hacen fuerte, la premisa de ser libre aun sin libertad, mi revolución interior y mi revolución solar, cada llamado de la muerte, mi talento para escaparme de ella, la inútil capacidad de evadir conversas, mis 100 heridas de guerra, los lentes de ver de cerca y de lejos, el tablero a cuadros donde me juego la vida al ajedrez, mis sunglasses, una colección vieja de relojes, dos despensas de arena del tiempo, mis maldiciones, los embrujos y hechizos, mis canciones de desamor, los discos de acetato, mis fotos de aeropuerto, aquellos archivos secretos, el armario de zapatos en desuso, la foto de Amélie Poulain, mis “pares o nones por fulanita de tal”, las peores osadías, mis cobardías, esas gatas callejeras y mis perras de estación, mis ultimas tentaciones, mis discusiones con mis hermanos, las zancadillas de mi madre, mis dos encuentros con el demonio, ese desagrado que siento por la impertinencia, el dia que saque mi cédula de huérfano y mi acta de matrimonio, las dos copas de vino vacías, el sabor de mi cepa favorita, la mejor cosecha, toda la riqueza de mi interior, mis activos, mi teléfono rojo para llamar al dios de los mortales, mis mofas, mi Buda, mi Dios Cristiano, mi Eleguá, mi Yemayá, mi Krishna, mis mandamientos hedonistas, mi sacerdocio en el porcinismo, mis ganas de ser una estrella de rock, los mejores platos que he preparado junto a esos libros de recetas favoritas, las ganas de que todo salga bien, es la confianza, mi intuición, mi cara de bolsa, mi soledad que parece por siempre, mis Calvin Klein, las apuestas ganadas y perdidas, mis tazas de Praga, unos anzuelos de pesca, cada despecho, los juegos que gane por trampa, mi caleidoscopio steadycam, los labios menos urgentes, mi raqueta de tenis, mis desesperaciones, mis largas esperas, mi desesperación, mi propia fuerza que es bastante fuerte, mi mejor escondite, esas mariposas con colores techno, mi idea inútil de que hay una conexión divina en cada encuentro, mis almohadas de plumas, la sabana vinotinto, el tren que llega al puerto de mar, mi par de bicicletas en la Bahia de San Francisco, mi lámpara del genio, mi stratocaster, mi Les Paul, mi ovattion, mi iPhone, mi N8 perdido, la bandera clavada en mi tierra de conquista, el manual de rabias, mi colección de fracasos de amor, los dolores de muela, mis libros de Cortázar, de Sabato, de Guillermo de Leon, mi torre de babel, ese mi país del nunca jamás, los juicios ganados y perdidos, mi shampoo de aceite de oliva, mi colección de Sabina, ese tatuaje aun en gestación, los peces de mi casa y los de ciudad, el señor Simon cuidador de la cuadra persiguiéndonos, el café con canela de cada mañana, las razones de mi odio por la Madre Patria, la estampita de mi santo patrono “San Lucas”, la caja de Pandora con mis errores de estilo, las veces que pedí perdón de rodillas, los domingo que recogí todo lo que el viento se llevó, las fotos de mi abuelo “Tata” pescando en el rancho del Cabo, la herencia en vida de mi padre, mi blog de blogspot, mi iPad, mis cuchillos, mi medio cuerpo en santelmo, la violación del limite de 140 caracteres, la computadora que regalé, las mentiras que me creo y las que aun sin creerlas las acepto, las medicinas de Max, el alimento de Neruda, el piso flotante, mis encuentros, cada letra escrita sin respuesta, cada uno de mis silencios, cada pestañar, cada mañana dando las gracias a un dios por ver salir el sol y maldiciendo por las ausencias de mi vida, ese “como si alguien de veras me quisiera, como si al fin un buen poema me saliera, una oración”.
Esto es un inventario, y hacerlos es cosa que evito, porque mi abuela “Guita” decía que la gente cuando va a morir comienza su proceso de muerte recordándolo todo, desandando pasos, reviviendo, perdonando.
Hace un cuarteto de años que hice mi último inventario, soy un contador, y aunque no morí, hubo cosas que en mi murieron. Otras florecieron. Otras nacieron, otras llegaron.
Pero volviendo al tema de los viajes, soy un viajero, reafirmo que por eso me gusta viajar, porque me da material para seguir recordando, inventariando, limpiando, porque me topo de cara con los veranos del sur mientras los otros mueren de frío, me divierto con las caras de miles, caras donde no reconozco mi día a día, comprendo en persona los cuentos de los cantantes y comienzo a rehacerme la historia de esas canciones que me hice mías. Viajando me doy lugar de revivir mi vida, todas mis vidas y comienzo a soñar a diseñar futuro. Al principio soñaba con hacer mío todos esos lugares que conocía, cada que vez que llegaba a una calle nueva me imaginaba saliendo de alguno de esos edificios a trabajar, en cada ciudad me fijaba en la forma de vestir y yo me imaginaba a esa moda, pero poco a poco fui entendiendo que cada vez soy menos de cualquier lugar y es innegable que cada sitio tiene ya su músico solitario, su cocinero loco y su bloggero enamorado, cada lugar tiene sus Evas y éstas sus Adanes, y ellos sus Abeles y Kaines que -en cualquiera de los casos- entiendo no soy yo.
Paseando por las calles de mi capital, la de mi país, disfruto andar soñando con un futuro, y es en ese futuro donde entiendo querer tener un puerto para atracar mi velero, descansar un poco y continuar con la vuelta al mundo en tantas lunas como litros de miel produzcan los labios que deseo. Entiendo el norte de ir tan lejos como pueda llevando el mensaje de mi oficio, mezclándolo -lo mas que alcance- con mis pasiones. Y no me detengo jamás, donde apuntan mis sueños llega mi bandera, aunque me dilate, aunque me caiga la noche, aunque parezca estar detenido, aunque a veces me pierda, dude, me torture, aunque Adelita se vaya con otro.
Cada vez más comprendo que estamos de paso ¡un breve paso! Por eso me gusta viajar, porque puedo vivir esa vida de manera fugaz, y soy ese Adán, vestido con esa moda, y regresar a mi puerto, soñar mas allá de la realidad y vivir los sueños hasta verlos, finalmente realidad!
Hoy brindo por los viajes, por los recuerdos, por inventariar la vida, hacer la vida y por diseñar un futuro sano!
OBRA: VIAJERO. DE JOAQUIN SABINA
“Viajero que regresas a esa ciudad del Norte
donde una dulce nieve empapa la razón,
donde llegan los barcos cargados de preguntas
a muelles laboriosos como mi corazón
háblale de mi vida, las autopistas negras
que atraviesan volando mi terca soledad,
esa gente que pasa por la calle, llevando
mi pensamiento al otro lado de la ciudad”
Joaquín Sabina
Cuando aprieta el frío

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